Ese 31 de diciembre del 2008 sería el septimo día desde que mi madre, mi hermano y yo regresamos a San Pablo Bolivar, el pueblo del que habíamos salido diez años atrás y al que en nuestros pensamientos era muy distante regresar; todos a mi alrededor se veían felices contando sus triunfos alcanzados en el año que finalizaba y en cada rincón donde volteaba mi mirada, sonrisas brotaban sin el menor de los esfuerzos, pero sentada en aquella mesedora en el billar de mi tío, sentía que me faltaba algo, pensaba que quizás el hecho de haber dejado todo cuanto tenía y conocía a cientos de kilometros lejos del que ahora debería llamar hogar, era la causa de esa melancolía que poco a poco opacaba el brillo de aquella perfecta luna redonda.
Tomé el primer trago de gaseosa y miré el reloj, apenas eran las diez y solo habían transcurrido 20 minutos desde que llegamos a hacer la visita familiar, Dios! cuan lento corría el tiempo cuando más necesitaba huir; por un instante levanté la mirada al cielo y descubrí a esa pequeña estrella que alumbraba tan intensa a pesar de las nubes que intentaban esconderla, no pude evitar sonreir e inconcientemente repetir ese infaltable momento de los cuentos fantasticos, donde una doncella pide un deseo a un hada madrina o en este caso a una estrella magica que cumple los más nobles deseos en un abrir y cerrar de ojos, al darme cuenta lo tonta que me veía fruncí el ceño e intente mostrar el enojo conmigo misma, pero la voz de mi madre me sorprendió en el intento, ella deseaba que buscara a uno de mis primos mayores para pedirle un favor que al fin de cuentas no entendí, sin embargo, me levanté y salí en su busqueda. Llegué junto a una de las mesas de billar y observé a un joven de espalda con el mismo estilo de mi primo, caminé en dirección a él y a un par de pasos antes de tocarlo aquel joven se volteó, mi sorpresa y verguenza fueron notorias al darme cuenta que no era la persona a quien buscaba, así que algo ruborizada y confundida di media vuelta y regresé a la mesedora donde fui asignada, en un par de segundos creo que tomé toda mi bebida, era extraño, me sentía ansiosa, intranquila y mi corazón no dejaba de latir tan rápido, no entendía cuál era la razón exacta para provocar esa reacción
Pasadas las once aparecieron mis primos con tres acompañantes que no pasaron desapercibidos entre mi familia, luego de ser presentados a mi madre y haber saludado a mi tio empezaron a caminar en mi dirección, de los cinco personajes que se acercaban solo reconocí a mis tres primos pero me inquietaba saber quiénes eran los otros sujetos, por qué mis primos estaban con el joven que me hizo ruborizar y fue entonces que estuve a la espectativa de lo que sucediera a continuación, ese reencuentro con mis primos fue tan emotivo que olvidé por un momento mi tristeza y sin ningún remordimiento volví a sonreir hasta que estuve de nuevo frente a aquel muchacho casi confundido por mi como un pariente; volví a sentarme, pedí otra bebida y por fin tuve el valor de preguntar quién era ese joven de camisa negra que se encontraba sentado diagonal a mi, como por cosas del destino era nada más y nada menos que un primo hermano materno de mis propios primos, aunque en un principio fue algo confuso de comprender el lazo familiar al fin logré enterderlo antes media noche.
Faltaban veinte minutos para las doce y la ocurrencia de ir a pasear por aquel mediano pueblo surgió de la nada, mi madre concedió el permiso y salí en compañia de aquellos cinco muchachos, al ser la única mujer me sentía algo extraña pero al mismo tiempo alagada, tener toda la atención fue algo abrumador en especial porque hacían preguntas algo difíciles de responderles; al pasar los minutos mi estado de ánimo mejoraba y sin reproche alguno me di la oportunidad de apreciar agradablemente los rostros felices de quienes pasaban por aquel parque en donde fuimos a parar, en algunas ocasiones el chico de camisa negra cuyo nombre no lograba recordar me ponía algo incomoda con sus preguntas y mirada, sin embargo, al llegar por completo el fin de aquel año e iniciar con una sonrisa el año nuevo, dejé de lado mi tristeza e incomodidad y solté todas las cosas que me lastimaban decidiendo darme otra oportunidad de subir un peldaño más en la vida.
Como de costumbre mi madre logró encontrarme y obligada a decir adios por aquella ocasión me marché con ella sin remedio alguno, era casi la una de la mañana cuando dimos el feliz año en casa de mis abuelos, quienes nos ofrecieron una deliciosa natilla y como de costumbre nos sirvieron un plato de sancocho de gallina en casa de la nona, era hermoso verlos a todos de nuevo, era exquisito sonreir al lado mi familia, pero en medio de tanta alegría no lograba entender por qué era casi imposible sacarme a ese chico de mi cabeza, qué tenía de especial para distraerme así y por qué sin razón alguna presentía que lo vería muy seguido.
Cuando creí que todo se había terminado, apareció delante de mi nuevamente la figura de ese muchacho que me llevaba a custionarme, creí que era una mala jugada de mi inconciente la que me llevaba a verlo, pero la realidad era diferente, pues fue nuevamente mi madre quién nos llevó de regreso al billar de mi tio para una vez más estar en compañia de los familiares más lejanos de casa; me sentía algo mareada y me faltaba el aire estar por segunda ocasión en ese lugar, pero esta vez era por la presencia del nuevo conocido, creo que hasta intenté ser descortes con él con tal de tenerlo a gran distancia de mi y tener el espacio y el tiempo para pensar, pero, de haber sabido que ese joven hoy en día sería la persona que llena de colores mis días triste, creo que desde aquel entonces hubiese mostrado mayor cortesía y hubiera tenido el valor de hablarle primero, así, quizás en la actualidad no pensaría que esa pequeña estrella influyó en mis decisiones y que los deseos se cumplen al igual que en los cuentos maravillosos; por las dos horas restantes que estuvimos allí antes de irnos a casa para descansar, solo nuestras miradas fueron cortés y solo el último adios fue algo agradable pero aún más inquietante que el resto de la experiencia.
En cuanto a la redacción, el texto cuenta con una consecución temporal de los acontecimientos, sin embargo, podría ser más preciso en algunos momentos del relato.
ResponderEliminarRevisado por: Juan Camilo Arguello, Paula Ahumada, Maribel Chaparro.