Desde esta silla puedo ver sus expresiones rebosantes de alegría por esta nueva ocasión que nos une, cada uno tiene algo para presumir, criticar o simplemente dejar en el pasado, pero al parecer, no soy la única que observa este magnífico cuadro, la nona recorre el lugar desde su asiento y muestra su más hermosa sonrisa al toparse con mi mirada, está feliz de tener los años suficientes para ver a padres, hijos, nueras, nietos y bisnietos de una misma familia compartiendo un momento de dicha, a pesar de sentir el vacío de aquellos que aun no llegan y de quienes ya no llegarán. Todo luce diferente en esta casa, ya no está el bello jardín de rosas que elogiaban las vecinas de mi tía, también se ha ido el enorme pino donde se escondía Roberto, el loro consentido, y ya no hay tantos niños o adolecentes corriendo a esconderse mientras alguien contaba del uno al cincuenta; aunque nada es igual, aun se puede sentir ese cálido y grato sabor de familia que nos une en esa mesas improvisadas donde solo se respira el olor a sancocho de gallina, que se volvió tradición familiar ante las infaltables invitaciones anuales de mi tía Ángela.
Como dijo Néstor Zavarte en una de sus canciones, “faltan cinco para las doce” y el año está a punto de terminar, pero no necesito correr a casa para ver a mi madre porque está justo a mi lado, hermosa de los pies a la cabeza, luciendo el traje beis que hace unos días confeccionó ella misma, es increíble como se ha conservado joven y esbelta después de tantas batallas luchadas. He sido interrumpida de mis palabras silenciosas por un respetuoso y educado caballero que acaba de ofrecerme su mano para ayudarme a levantar, por un momento me pregunté “¿cuánto tiempo fui observada mientras era una observadora?” a lo que él respondió:
- Desde el momento en que fui a recogerte no he dejado de observarte.
- ¿Acaso lees la mente? pregunté con un gesto de camarería y sorpresa.
- Aun no poseo ese don, aunque me gustaría obtenerlo, así conocería las razones de tus largos silencios.
En ese instante recordé por qué le huía a la mirada de este apuesto hombre, tenía miedo de sentirme rechazada y aun más culpable por no poder hacer oficial nuestro compromiso, me hundía nuevamente en la tristeza al darme cuenta lo tonta que fui al perder el anillo el 24 de diciembre horas antes de mi viaje, no podía siquiera sostenerme firme en su mano, me embargaba la preocupación de ya no ser tan buena ante sus ojos, y me ha traicionado mi cerebro al no enviar la información correcta para evitar que esta lagrima recorriera mi mejilla; he sido descubierta, mis sentimientos han sido más poderosos que mi fuerza de voluntad …
- ¡No seas tontica! No llores por bobadas, sabes que te amo y aunque se te perdiera el vestido de bodas o llegaras tarde a la iglesia aún así me casaría contigo, eres la mujer que amo y ese anillo solo es algo material.
- ¿Acabas de leer nuevamente mis pensamientos? Respondí muy sorprendida.
- Ya te dije que no puedo hacerlo, pero te conozco lo suficiente para reconocer la causa de tu lágrima. Olvida eso y mejor recuerda que un día como hoy nos conocimos hace 6 años.
Es cierto, hace exactamente 6 años atrás cruzamos nuestras miradas por un error de mi parte e intercambiamos palabras por un azar del destino, quién diría que después de tanto tiempo aún me encontraría frente a él respondiendo a sus palabras. Nuevamente recorro el lugar con la mirada y descubro que somos el centro de la atención, me siento avergonzada y trato de esconderme en los brazos de mi amado, mientras escucho a mi hermano decir:
- Cuñado ¡feliz año! … si haces llorar a mi hermana me las pagas.
Y lo único que obtuvo como respuesta fue un “feliz año” en medio de una gran sonrisa.
Justo a la doce y un minuto decidí dejar atrás las tristezas de lo ya pasado y regocijarme en lo que estaba viviendo, reconocí en medio de tanto sentimientos confrontados lo bendecida que soy al estar cada año para misma fecha rodeada de personas maravillosas como lo es mi familia, aunque muchos ven en las fechas decembrinas una oportunidad para ganar dinero, hacer propagandas políticas o religiosas, yo, hoy solo puedo decir “GRACIAS” por darme la oportunidad de ser parte de algo que muchos no tienen, otros olvidan y algunos no quieren. Navidad, año nuevo o fechas decembrinas, como quieran llamarlo, para mí, es algo más allá de una ocasión en la que se estrena ropa, se recibe regalos y se pide deseos, es simplemente ese sinónimo de la palabra familia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario