viernes, 4 de abril de 2014

AMOR A PRIMERA VISTA

Es cálida la sala de esta casa, el sofá verde aguamarina, las mecedoras tejidas en plástico,  los enormes cuadros familiares en la pared y el mueble del televisor acompañado de una variedad de adornos, hacen del lugar un espacio agradable y confortante. Pensando en mi trabajo de escritura, me arriesgué a preguntarle a mi madre ¿cómo se enamoró de su actual esposo?, y ella con una sonrisa algo apena me respondió  sin prisa – fue amor a primera vista –. Eso  despertó tanto mi curiosidad que no pude resistirme de rogarle que me cuente la historia.

- Mijo cuéntele usted se acuerda más. Dijo ella dirigiéndole una mirada a su esposo, que se encontraba a la distancia de un beso.
- Pero mija cuéntele usted lo primero, que usted fue la que me conquistó. Respondió él ante la petición.
- ¡Si exageras! Tú fuiste el que me conquistaste. Le replicó mi madre.

Me sentí ansiosa de saber cómo había empezado aquel amor, pero  ninguno de los dos se decidía a contarme, ella un tanto sonrojada al ver mi expresión de interrogatorio se lanzó a iniciar el relato:
- Yo estaba  en la casa de tu tía Mariela cuidando a papá que lo acababan de operar, entonces, él llegó una mañana a comprar lo del desayuno y Mariela lo escuchó en la tienda, ella ya me había comentado lo que a él le había pasado con la esposa y las hijas y toda la historia de lo mal que le había pagado su propia familia, y pues como tenía curiosidad de ver quién era,  abrí la cortina y me asomé a la tienda, entonces lo vi y él me pilló.

Cada palabra que sale de su boca está llena de dulzura, es imposible no sentirme encantada de oírla, sus manos inquietas van de la máquina de coser a la tela, y sus ojos siguen con especial cuidado cada uno de sus movimientos, es tan grato escucharla hablar; cada minuto quiero saber más detalles, no quiero perderme ni un minuto de la historia.
- Y entonces ¿qué pasó? Le pregunté a Laureano.
A lo que respondió con una sonrisa picara:
- Cuando ella se asomó hay mismo yo la voltie a mirar, entonces cuando ella se volvió a entrar yo le pregunté a su primo Andrés que quién era ella, y él ni corto ni perezoso empezó a molestar y a decir “uy! le gustó mi tía, está pillao”, fue un momento incomodo pero no le puse cuidao y solo le pedí que me la presentara. Después  (hace una pequeña pausa para tomar agua y continua con la historia) un día ella iba para el centro y yo me hice el loco y cerré el almacén, me monté en la moto y cogí en la dirección en que ella iba, como si yo también fuera para el centro, entonces le dije “vecina la llevo? voy para el centro a hacer un mandado si quiere la llevo para que no tenga que caminar tanto”.

La risa de mi madre lo distrae e interrumpe nuestra concentración, es raro escucharla reír a sí, a menos que esté apenada, como creo que sucedió en este caso; su piel morena no alcanza a esconder el rubor de sus mejillas y sus ojos cafés la delatan al ver a su amado. Poco a poco se van turnando a contarme un fragmento de su historia, ella cuenta las partes en las que  piensa que Laureano la hará quedar mal y él cuenta todos los detalles que a mi madre se le escapan.
Su narración avanza rápido como su amor, tan rápido que después de encontrarse un par de veces, el  abuelo ya le estaba pidiendo el favor a Laureano de llevar a mi madre a la finca para recoger unas “cositas”, como arroz, maíz, queso, leche, suero, un par de gallinas entre otros productos, todo en una moto; solo de imaginarme aquella escena me dio tentación de risa, en mi mente parecían una pequeña plaza de mercado ambulante a la que le sucedía uno que otro chascarrillo durante los viajes.

- Después de ir varias veces a la finca con la confianza del señor Pedro, me mandó a llamar para decirme que si me gustaba Carolina y si quería algo serio con ella pues que tenía las puertas de la casa de él abiertas y que no me preocupara por nada que yo era bienvenido. Dice Laureano ante mi expresión un tanto de burla.
- Sí, a papá no se le escapaba nada, todas las cosas salían como él decía y pues que más podíamos hacer, ya teníamos su aprobación. Dice mi madre apoyando lo dicho por su esposo.

Entre las risas de mi madre y las de Laureano me encontré en un incomodo momento cuando se acercaron para darse un beso, no quería mirar la escena, sentía que invadía su privacidad, sin embargó esperé un segundo y los interrumpí con otra pregunta – entonces ¿se mudaron de una vez o esperaron a que nosotros llegáramos de Cartagena? – vacilaron por un segundo y respondieron casi en coro – ¡No! Esperamos a que ustedes llegaran para mudarnos a la casa del abuelo y pues el resto de la historia ya la conoces -.

Es cierto, fui testigo de primera mano de cómo ese señor, mucho mayor que mi madre, fue ganándose el amor de la mujer más bella que yo hubiese conocido, él siempre tan amable y atento con ella, mostrando en todo momento sus gentos sinceros, y ella siempre correspondiendo de la manera más dulce a todas sus atenciones.
Pasaron varios años para que ellos hoy en día pudieran tener una relación solida y estable, superando pruebas que incluían adolecentes rebeldes y familiares intensos, pero eso no los detuvo; mamá dice que después de trabajar duro en la siembra viene el tiempo de la siega, así que después de luchar tanto por fin lograron hacer oficial ante la ley divina y terrenal su matrimonio, precisamente el recuerdo de aquel día son las fotografías  que ahora reposan en las paredes de esta pequeña sala, en la que me encuentro disfrutando una taza de café que ha preparado mi madre como todos los días desde que conoció a Laureano.

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